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[EN FOTOS] la pechugona Andrea Rincón?

La sexy argentina  Andrea Rincón.




















El ecce homo de Cecilia cumple un año y tiene final feliz

Más de 70.000 personas del mundo entero visitaron el eccehomo de Borja en su primer año desde la “restauración”. La pintura de Cecilia Giménez ha recaudado unos 50.000 euros que se han destinado a la Fundación Santic Spiritus.

La accidentada restauración puso al pueblito de Borja en el mapa así que no la quitarán. Debo agregar que además de Borja, puso los ecce homo, la actividad de la restauración y muchas otras cosas en el ruedo. Finalmente, luego de la accidentada restauración que no dejaron que concluyera, tiene un final feliz.

El hecho que dio la vuelta al mundo «Después de todo lo ocurrido el balance es positivo. Esta imagen ha sido visitada por mucha gente de todos los países del mundo», aseguró el alcalde del municipio zaragozano, Francisco Arilla. Además, agregó que esas personas pasaron por Borja y han ido a los restaurantes, cafeterías y pastelerías.

El origen de los visitantes se reparte entre muchos países de Europa, también de Australia, China, Japón y Sudamérica. «De todo el mundo… vamos», señaló el alcalde, que ha recordado que a la entrada de la iglesia Santuario de la Misericordia se colocó un mapamundi en el que cada persona ponía una banderita del país de procedencia. «Hemos tenido que poner otro mapamundi porque con el primero que hicimos quedamos cortos y eso que era de grandes dimensiones».

El eccehomo de Cecilia ya recaudó unos 50.000 euros entre los donativos para poder verlo o la lotería que organizaron. Ese dinero se ha destinado a la Fundación Santic Spiritus. «Lo que pedimos para entrar es un donativo de un euro y luego voluntariamente hay personas que han aportado algo más».

El alcalde a segura que tiene muchas anécdotas porque «ahora todo el mundo conoce Borja». Así, contó que hace dos meses fue a una boda en Cádiz y cuando dijo su procedencia lo primero que le recordaron fue a Cecilia y al ecce homo.

Además La restauradora del eccehomo de Borja ya tiene su propia exposición.

Les dejo el video de la BBC donde podrán ver a Cecilia y todo el caso.

[EN FOTOS] La versión decadente de las princesas de Disney


“Mi proyecto Princesas Caídas nació de una profunda rabia personal contra el ’y vivieron felices por siempre’ que nos dan de comer en la infancia”, contó Dina Goldstein sobre el origen de su sombría obra, en diálogo con Cargoh.com.

El disparador fue la conjunción de dos sucesos contrapuestos que marcaron su vida: el despertar del interés de su hija por las princesas y la noticia de que su madre sufría cáncer.

“Los dos eventos coincidieron y me hicieron preguntar cómo luciría una princesa si tuviera que lidiar con una enfermedad, sufrir financieramente o afrontar el envejecimiento. Entonces empecé a imaginarme lo que le ocurriría más tarde en la vida, luego del ‘y vivieron felices por siempre’. Naturalmente tendría que enfrentar los mismosdesafíos que todas las mujeres modernas”, explicó.

A continuación, la versión cruda y real de las princesas insertas en el mundo contemporáneo, según Dina Goldstein.

Blancanieves. La vida no termina al ser rescatada por el príncipe azul. Luego vienen los hijos, la casa, las cuentas…

Bella. No son nada lindos los caminos por los que hoy se busca la belleza a toda costa.

Jasmín. Ni siquiera las princesas se salvan de quedar en el medio de las guerras civiles o coloniales que envuelven a los países árabes en la actualidad.

La Cenicienta. Cuando la soledad y la decepción derivan en el alcoholismo.

La Sirenita. Como todas las bellas especies animales, lo más probable es terminar en un zoológico o acuario.

Caperucita Roja. En el mundo contemporáneo la canasta con comida se llena con alimentos saturados de grasas que en muchos casos conducen a la obesidad.

La Bella Durmiente. Los geriátricos son un destino cada vez más frecuente para las personas que pueden valerse por sí mismas.

Pocahontas. Cada vez más personas quedan confinadas a quedarse solas en sus casas viendo la televisión y, en el mejor de los casos, acompañadas por sus mascotas.

Fotos cortesía Infobae

Las aceras altas de Caracas (+ fotos)

Esquina de Abanico a Socorro
1959
Fotografía de
Alfredo Cortina
“Caracas desde su fundación fue trazada en cuadriláteros, calles paralelas de Este a Oeste y Norte a Sur, en cada cuadro o manzana se trazaban solares, naturalmente que siendo su  terreno el de un plano inclinado y presentado en varias zonas bajos, quebradas, montículos, los habitantes construían sus casas o viviendas a como les iba dando el terreno. De ahí que las calles, siempre rectas, ofrecían cuestas y bajadas para ir de un extremo a otro. Para ese entonces, no había puentes ni terraplenes. Me contaba mi abuela “que para hacer una visita algo distante, se iba en burro y las ricas en literas, pero siempre llevando atrás, el burro con la manumisa y la petaca con la ropa. Se llegaba  al zaguán y se cerraba el portalón, la visitante se vestía y tocaba en el entreportón: “Ave María purísima” y adentro, que ya se estaban preparando para recibir la visita, se contestaba, “Sin Pecado Original Concebida” y se abría la puerta.
Las familias se sentaban en silletas recostadas en las paredes de su frente, después de la comida, que era después de la comida, que era a las cuatro de la tarde. Los señores se paseaban a caballo. Entonces no existían carros ni coches, y muchos tenían tal lujo en sus cabalgaduras que usaban arneses de plata y los jóvenes enamorados hacían “caracolear” sus caballos en las esquinas para lucir sus habilidades ante la dama de sus ensueños.
Esquina de
Ánimas 

Añadir leyenda

Así se fue poblando Caracas. Unas casas quedaron elevadas, otras abajo. Pero el progreso avanza y vienen los vehículos de ruedas, y hay que condicionar las calles y tirar puentes, terraplenes, si las calles Norte-Sur no presentaban grandes inconvenientes, no así la de  Este-Oeste que tenían forzosamente que  cortar el paso de ríos, quebradas, que bajaban del norte y que en muchas por insinuaciones del terreno, quedaban casas en altos montículos, se comenzaron por rebajar los pisos de las calles Oeste 3 y Este 3 entre las esquinas de Santa Bárbara y Miraflores y Plaza López a Ánimas y construir los embovedados que vinieron más tarde entre Pineda y Cuartel Viejo y el de Plaza López. Quedaron naturalmente, con este rebajo, todas las casas en alto, lajadas, protegidas por una baranda. Lo mismo aconteció con la Calle Oeste 5 Este 5 paralela a la anterior entre las esquinas de Paraíso a Pineda, Maturín al Abanico y Abanico al Socorro.


De Norte a Sur no encontraremos estas calles, sino de Fe a Santa Bárbara, Romualda a Socarrás y de Corazón de Jesús a la Hoyada. Estas aceras altas le daban un yo no sé de sabor caraqueño a nuestra querida ciudad, que aunque fuera molesto para los que habitaban a mitad de cuadra, nunca se presentó una queja de este pequeño inconveniente. Antes por lo contrario, muchas personas, les gustaba vivir en aceras altas. Otras habían en Caracas pero de menor importancia."
Esquina de Bolero 
Esquina de Amadores a Cardones 
La Hoyada a Corazón de Jesús
Alfredo Cortina
1950

Colinas de Bello Monte. “La suburbia colgante" (Caracas)

Arq. Hannia Gómez 


(tomado de la Revista Integral, Caracas, 1950).

Caracas, como Florencia, ha desarrollado un recurso de autocontemplación urbana 
de filiación itálica: el “palcoescenico”. Las colinas del sur, situadas frente al gran patio de la ciudad y su telón de fondo, son de manera natural el belvedere monumental de una urbe que, a pesar del caos, conserva un excelente “lejos”. Basta darse una vuelta por el Fiésole florentino, entre las colinas de San Miniato y Bellosguardo, para encontrarse con todo un despliegue de tipologías de la mirada: iglesias de San Salvatore al Monte, fuertes Belvedere, torres del Observatorio. 
Las tipologías caraqueñas, aunque otras, se elaboran sobre el mismo impulso teatral hacia la ciudad. Este es el sueño que empieza a esbozarse en Caracas en los años cincuenta: las colinas se empezaron a urbanizar para mirar.
Pero para que este sueño triunfase, hizo falta una demostración fehaciente y un promotor que tomase la iniciativa. El “primer trepador de cerros”, según sus propias palabras, fue Inocente Palacios, el urbanizador de Colinas de Bello Monte, la suburbia colgante inaugural de Caracas. Esta urbanización acróbata, fuertemente arraigada en la estética de los cincuenta, unida al flamante perfil ilustrado de este promotor, difundió su modelo urbano de desarrollo durante las décadas siguientes por toda la periferia. 1950 fue la década de oro de la arquitectura venezolana, cuando el país construía todos y cada uno de sus sueños de progreso. El sueño caraqueño arrancó de ser el de un solo caraqueño: el delirio lírico de un promotor empresario.
El magnetismo suburbano arranca con la singular historia de su vida. Su emigración constante hacia el este, de casa en casa, desde la señorial casa paterna en el damero colonial hasta su atalaya en Bello Monte, es una metáfora del desarrollo de la ciudad. Así, en la historia de la arquitectura y el urbanismo caraqueños Inocente Palacios resulta legendario. Su pasión por la música, unida a una conexión muy cercana a la arquitectura brasileña a través de su amistad con Oscar Niemeyer, van a modelar tanto su visión como su ambición urbanas. “Cuando se construyó Brasilia”, decía, “Oscar Niemeyer me invitó a presenciarlo. Esa ciudad la construía un enjambre humano que vivía en las laderas. Cuando empezó a vivir, se vuelve un ente ficticio colocado en el centro de aquella otra urbe turbulenta que es la Brasilia de los que la construyeron. La gran ciudad son las laderas: ahí se formó la verdadera Brasilia”. Este romanticismo por la vida urbana “en las laderas” se une al impacto que le produce la casa de Niemeyer: “en el tope de un gran acantilado, con toda la naturaleza metida dentro...”. 
Imágenes que modelarán Bello Monte.
Palacios comienza a dedicarse abiertamente al urbanismo; promotor cultural vuelto promotor urbano. Ayudado por el arquitecto italiano Antonio Lombardini, llamado el “arquitecto de colinas”, y un notable equipo, hace Colinas de Bello Monte. Pronto le sería imposible impedir el no dejarse llevar por la analogía teatral que le ofrecían sus terrenos. Lo justificaba diciendo que “en aquellos años, la gente pensaba que Caracas necesitaba crecer porque el valle le estaba quedando pequeño”. Un fenómeno que empieza paralelamente también en la ciudad informal de los barrios, la otra gigantesca vertiente de la periferia vertical. Era la ilusión horizontal de la ciudad extendida copando aparentemente el valle.
Es evidente que esa escalada no era tan urgente en la vacía Caracas de los cincuenta, sino un acto de ilusionismo urbanístico, respaldado por una innovadora idea de Marketing inmobiliario. Vamos a vender los billetes de las localidades del teatro. Bello Monte, hasta en su nombre, se vende como un sitio ideal. En el afiche de promoción de las ventas de la urbanización se presenta la imagen de las colinas como ondas superpuestas de colores que fácilmente se pueden tomar por una partitura musical. Sonaba a ópera de Verdi. Papeles líricos de un club que canta. Papeles topográficos de una arcadia vertical, de un sviluppo residenziale.
La vecindad toponímica con Monte Posillipo, Montecassino, Montecatini o Monticello nos hace imaginarnos a los urbanistas de las colinas uniendo su epopeya constructora, de tractores orquestados e ingenieros con batutas, a la épica de la música y a la monumentalidad operática. Aquello del diario Bello Monte se transformaba en el aria de Monte Bello. Con un trazado entre orgánico y totalitario surge el laberinto de calles. Atrás quedó la claridad del damero. Su trazado enrevesado siempre es fiel a la topografía pero no atiende nunca ningún signo que le venga de la ciudad frente a él. Las pendientes peligrosamente acentuadas del parcelamiento serán el desafío insoslayable a la pericia ingenieril. Algo muy propio de la década. Se pierde primero al visitante para luego sorprenderlo, a la vuelta de una curva, con el hallazgo unas veces del fantástico panorama y otras de las aparatosas arquitecturas de época. Una arquitectura “de especialistas”, aún hoy (1996) entre las más frenéticamente formalistas de toda la ciudad.
Pero, ¿qué experiencia vendría para asistirlo en la planificación y la construcción de su sueño, al que Caracas se abandona? Los cincuenta fueron también la década de la inmigración europea a Venezuela, especialmente mediterránea. Estos son los “especialistas”. Una multitud valerosa de trabajadores que vinieron a reconstruir sus vidas, y que, haciéndolo, lo primero que reconstruyeron fue su propia ciudad fragmentada. 
El promotor empresario elabora con ellos las tipologías de la mirada belmontina: Lombardini le diseña “Caurimare”, su casa-conservatorio montada “en un pico de ésos”, una casa tan “absurdamente grande que hicimos muchos grandiosos conciertos, a veces hasta de cuarenta músicos”; Niemeyer, otro aficionado a los barrancos, idea el anteproyecto de un Museo de Arte para Caracas, una pirámide invertida que descansa incomprensiblemente estable en el borde de un barranco sobre su mínimo vértice; construye en una cañada la Concha Acústica, “un escenario al aire libre de condiciones acústicas excelentes”, para celebrar sus festivales musicales; llama a un concurso internacional para hacer la casa tipo de Bello Monte, cuya principal exigencia era que pudiera colgarse de la más aguda de las pendientes posibles, y cuyo proyecto ganador de José Miguel Galia, un pequeño prototipo “montado como un nido de águila en un cerro”, es inaugurado con aire festivo “para demostrar que se podía hacer”; así aparecen “las primeras cosas fabulosas de Colinas”, las dramáticas villas en voladizo, con ecos de Libera y de Scarpa, “aquellas casas que salieron guindando” en el “Aunque Ud. no lo crea”, de Ripley; Palacios es también el mentor de audaces proyectos de arquitectura que le encargaba a los mejores arquitectos del país: Vivas hace el icónico paraboloide hiperbólico del Club Táchira, Alcock el ondulante óbus de ladrillo de Altolar, Vegas & Galia sus mitológicos edificios morochos...
La fuerza vital de esta obsesión, el formalismo arrollador de este sueño de un caraqueño lo convierten inevitablemente en colectivo Sueño Caraqueño imitado en toda nuestra suburbia. Desgraciadamente, de su incomprensión, de su emulación torpe y de su desgaste, se desencadenaron luego el abandono del valle, el escape del orden, y la amnesia de la ciudad que teníamos... lo cual no desdice ni de la importancia de la aventura belmontina ni del idealismo florentino de su promotor.
Publicado en: Arquitectura EL NACIONAL. Caracas, lunes 9 de diciembre de 1996; Peter Lang, Editor. Suburban Discipline. "The Hanging Suburbs". Storefront Books No. 2. Princeton Architectural Press. New York, 1997; Tulio Hernández, Editor. Veinte afectos para escribir la ciudad. "La suburbia colgante". Caracas, 1998.

Historia menuda de Santiago de León (CARACAS) + fotos

Bajando por Sanchorquiz por el llamado Camino Real de los Españoles lo primero que se encontraba era el Polvorín  y Los Mecedores Sanchorquiz es una corruptela de Don Sancho Alquiza, Gobernador de Caracas que tenía allí una estancia para ir a pasar los días bochornosos del verno. A la izquierda del viajero se podía contemplar los paredones y Cipreses del Cementerio de los Hijos de Dios, el cual ha debido conservarse  pero desafortunadamente fue abatido por el afán de urbanizar esa típica zona, como pasó con multitud de viviendas que eran un claro exponente de la arquitectura colonial.
Los Mecedores eran sitio de refugio en los años de nuestra niñez. Allí entre las lianas o bejucos nos columpiábamos a nuestro antojo, para más luego irnos a refrescar en una límpida caída de agua que resbalaba por una pared natural de granito . O nos íbamos a montar papagayos o cometas a la Sabana del Blanco, sanas y agradables costumbres, gratas al cuerpo y al espíritu, hoy caídas en desuso.
Trepar las faldas del Ávila era uno de nuestros deportes favoritos. No existía cueva o rincón en Galipán que no conociéramos, lo mismo en toda la fila de la cordillera hasta la propia Silla de Caracas o el Picacho de Naiguatá; desde esos sitios contemplábamos el cuadrilátero como un enorme tablero de damas, rodeado de una verde y lujuriante vegetación cortada a trechos por las límpidas ninfas del Catuche, del Anauco o del Guaire, en cuyas márgenes la heráldicas palmeras, abanicadas por la brisa, jugueteaban con las blancas palomas que en tropel surcaban el cielo de aquel Caracas, mientras  que los viejos y queridos techos de rojas tejas cubrían los hogares donde se veneraba a Dios, y donde nadie osaba penetrar , respetando la sana tradición venezolana de la propiedad. 
En las noches de luna, en la agradable compañía de nuestro desparecido y fraterno amigo Raúl Carrasquel y Valverde, nos encaminábamos por estrechas calles y largos callejones pastoreños, rememorando los viejos tiempos, idos hasta en el recuerdo: Raúl tenía pasión por esta parroquia, allí fundó su hogar en la grácil compañía de Iraida Regina. Ambos ya no están con nosotros, pero pueda ser que al filo de la medianoche materializados con niebla del Ávila, vuelvan a transitar por el Boulevard Brasil y tomados de la mano contemplando de nuevo la Caracas de antaño. La de la Cruz de Mayo, la de la Semana Santa, la de los nacimientos y villancicos, la de San Silvestre con un tronar de morteros y campanadas echadas al vuelo, mientras el bronce del Libertador galopa eternamente en la mente patriótica de todos los venezolanos. 
En la parroquia de La pastora en el sitio llamado La Puerta de Caracas, existió un almacén de la Compañía Guipuzcoana cuya casa Matriz ocupaba dos inmuebles de la hoy Avenida Urdaneta, posiblemente en el mismo lugar donde hoy está el Banco Central de Venezuela.  
Don Diego de Lozada hizo construir dos ermitas, una, la de San Mauricio en la esquina de Carmelitas, y la otra la de San Sebastián, en la esquina de Santa Capilla. La imagen de San Mauricio en estampa, que había sido encargada a Castilla, fue conducida en procesión a su ermita (Actas de Cabildo, tomo II) la cual años después fue presa de las llamas, pasando el culto de este santo a la Ermita de San Sebastián. (En la actualidad Santa Capilla) . Algunos escritores han supuesto que la Ermita de San Mauricio quedaba frente a la de San Sebastián, lo cual es inexacto, esta confusión debe obedecer a que la única ermita en esta esquina tomó el nombre de los dos santos por las razones ya expresadas, y más luego fue conocida como San Mauricio a secas, igualmente en la esquina en cuya parte   sur-oeste  existió la Comandancia de Armas y el Cuartel de San Mauricio. Igualmente se ha pretendido que existía un pasadizo subterráneo entre éste y la Iglesia de San Francisco, lo cual cabe dentro de la leyenda; en verdad existió un subterráneo usado como polvorín. 


En las memorias de Obras Públicas de 1875, ocurre una resolución del Ministerio de Fomento ordenando reformar el ya citado cuartel y nombrando una Junta de Fomento  compuesta por los señores Generales Víctor Rodríguez, Pedro Arismendi Brito y A. Loutowzky . El presupuesto presentado montaba una suma de seis mil cincuenta venezolanos, con diez céntimos. El Cuartel de San Mauricio sufrió grandes reparaciones, debido a que el Gobierno del General Cipriano Castro había dispuesto que sirviera de oficinas de Telégrafo Nacional, el cual funcionaba anteriormente de Torre a Principal. Muchas personas son partidarias de derrumbarlo y en su lugar construir un parque, la idea sería plausible si se hiciera de inmediato, pero existe el peligro que al igual que San Jacinto y la Torre, se convierta por saecula saeculorum en un estacionamiento de automóviles, que con los ranchos de los cerros afean enormemente la ciudad.” 
Fuente: Portal del Cuatricentenario
De Nicolás Ascanio Buroz
El Universal /Agosto de  1963

[EN FOTOS] De Sabana Grande a Chacao

Cerca del  446 aniversario de la fundación de nuestra ciudad, quiero compartir con ustedes una serie de artículos que he ido rescatando y transcribiendo sobre nuestro pasado, comenzando con el trayecto de Sabana Grande a Chacao.  

Para Viajar de Sabana Grande a Chacao
Se pasaba por las pulperías de Chacaíto
 
Chacaíto 
“ A la orilla del antiguo camino entre Sabana Grande y Chacao se hallaba  el punto de “Chacaíto”  con sus pulperías  y casas de corredor. Hacía el Sur se encontraban las vegas y el trapiche de la Hacienda Bello Monte, donde Bolívar transcurrió largas temporadas de su juventud. Muy cerca de este sitio cruzaba el primitivo sendero que conducía a las poblaciones de Baruta y El Hatillo no sin antes tener que atravesar el río Guaire por un estrecho y hermoso puente colgante.
Desde Chacaíto se va en la actualidad a todas las urbanizaciones del este y aún a Petare pasando por Chacao. Alejandro Humboldt en 1800 se preguntaban por qué razón la primitiva ciudad no había sido edificada en la parte más extensa y llana del valle de Caracas.
Desde las estribaciones de la Cordillera, las vegas caían en suave declive hasta las riberas del Guaire, entonces río anchuroso y de aguas limpias. Fue precisamente en aquellos predios donde el Padre Mohedano realiza en el último cuarto del siglo XVIII la siembra de seis mil cafetos.

A raíz del terremoto de 1766 propusieron el Ayuntamiento de Caracas reconstruir la ciudad en el valle de Chacao. Esta iniciativa no prosperó y durante casi dos siglos más siguió siendo un paraje casi rural enmarcado entre verdes cañamerales  y torreones de trapiches. Allí tenía su escuela de música el Padre Sojo; estaba la posesión de Bartolomé Blandín y las estancias de la Floresta y El Convento, Los Ravelos y Las Mercedes, Chacao, como Sabana Grande, eran pequeño caseríos de agricultores.
Hasta no hace mucho tiempo existió un pintoresco “paso a nivel” en el cruce de la línea férrea Caracas-Petare –Santa Lucía con la entrada en el Country Club. Por aquella Trocha – además del tren- circulaban un tranvía de dos pisos que hacía itinerario regular entre la estación de Santa Rosa y Petare.  Actualmente  es parte de la Avenida Libertador.
 
Las Delicias
Sabana Grande 

Las Delicias
Sabana Grande 

En el lugar que hoy ocupa el Caracas Country Club poseyó extensa finca Bartolomé Blandín, quién era hijo de un farmacéuta  francés que vino a Venezuela en 1740, Bartolomé Blandín tenía en Chacao su estancia que era el lugar predilecto de reunión de las principales familias caraqueñas, que cultivaban la música con esmero, Arístides Rojas comentaba que las primeras reuniones musicales de Caracas se efectuaron en el oratorio de los Padres Neristas y bajo la arboleda  de “Balndín y “La Floresta”. El primer cuarteto fue ejecutado a la sombra de los naranjeros, en los días que sonreían sobre los terrenos de  Chacao los primeros arbustos de café”.
 
Chacao Colonial



En la Hacienda de Blandín, San Felipe y La Floresta que pertenecieron a Blandín y los Padres Sojo y Mohedano se cultivaron en gran escala en el valle de Caracas  las primeras plantaciones de café, en 1784.  Hasta ese momento la planta crecía como un adorno exótico en vez de planta reproductiva. “ Los granos y arbustillos recibido de las Antillas francesas había sido distribuidos entre los agricultores”. Sin ser plantados aún de manera masiva.
Adoptando el método utilizando en las Antillas para la plantación de café lograron obtener cincuenta mil plantas. Por primera vez el padre Mohedano y sus aliados contemplarían el blanco florecer en las ramas de los cafetos, para celebrar tan gran triunfo, recolectados los granos requeridos para preparar la primera infusión de café que habría de saborearse en el valle de Caracas, ofrecieron una fiesta campestre. Fue en Blandín a fines de 1786, con asistencia de aficionados a la música y de familias y personajes de Caracas.
“ Por grupos irían llegando los invitados unos en cabalgaduras, otros en carreta de bueyes, pues la calesa no había, para aquel entonces,  hecho surco ni en las calles de la capital ni en el camino de Chacao. Por otra parte, era de lujo, tanto para caballeros como para damas, manejar con gracia las riendas del fogoso corcel, que se prestaba ricamente enjaezada, según uso de la época”.

Bajo la arboleda se interpretaron melodías. Después del almuerzo comenzó a servirse el café. La primera taza se ofreció al padre Mohedano, mientras todos aplaudían.
En este siglo la hacienda Mohedano se convirtió en la Castellana,  la hacienda La Floresta del Padre Sojo en la Urbanización de La Floresta, y la hacienda Blandín en el Country Club.
El Country Club es una denominación                         
 
Josefina Pérez Velásquez en un corredor de casa antígua conocida como "La Granja" ubicada al norte de la actual casa del Caracas Country Club. En mi leyenda original especifico que "La Granja" se encontraba al norte de Blandín. Colección privada de Eduardo Pérez-Viana.


Country Club 1950 


La Caracas que Conocí inglesa de un lugar de esparcimiento situado en el campo con instalaciones y canchas para practicar deportes al aire libre. El primer Country Club de Caracas estuvo en terreno de la hacienda La Vega en  lo que hoy es Vista Alegre. En 1929 se formó  el “Sindicato Blandín” que adquirió la hacienda Blandín donde proyectaron  los campos de golf. El proyecto de los arquitectos norteamericanos Olmsted Brothers quienes desarrollaron la práctica de diseño urbano del paisaje, con una nueva actitud hacia la naturaleza “como un remedio a los males causados por la desintegración moral generada por las grandes ciudades sin forma, tanto física como social”. 

Fuente : El Diario de Caracas 1983

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