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Cabletrén de Petare tiene un sistema para que la nieve nunca obstruya riel

 
RIELES PARA QUE NO SE DEPOSITE LA NIEVE
 
Páez Pumar llama la atención sobre un hecho muy curioso que en gran parte explica el altísimo costo del Cabletrén de Petare (440 millones de dólares para movilizar a tres mil personas por sentido en 2,1 kilómetros mientras un sistema Metro moviliza a 70 mil personas y cuesta 150 millones de dólares por km): allí se utilizó un sistema, diseñado por la compañía austríaca Doppelmayr, para que la nieve nunca obstruya el riel.

Explica que cada viga tiene un diseño estructural único y un radio de curvatura específico para que se amolde al riel, lo que a nivel de ingeniería es muy costoso.

Le parece inaudito que se hubiera implementado este sistema en un país tropical, y más que hayan gastado ese dinero para atender un sector para el cual ya se habían hecho proyectos con sistemas de autobuses de gran capacidad "Un sistema como el Transmilenio de Bogotá cuesta apenas ocho millones de dólares por kilómetro".


 



Ciudad Petare



[EN FOTOS] De Sabana Grande a Chacao

Cerca del  446 aniversario de la fundación de nuestra ciudad, quiero compartir con ustedes una serie de artículos que he ido rescatando y transcribiendo sobre nuestro pasado, comenzando con el trayecto de Sabana Grande a Chacao.  

Para Viajar de Sabana Grande a Chacao
Se pasaba por las pulperías de Chacaíto
 
Chacaíto 
“ A la orilla del antiguo camino entre Sabana Grande y Chacao se hallaba  el punto de “Chacaíto”  con sus pulperías  y casas de corredor. Hacía el Sur se encontraban las vegas y el trapiche de la Hacienda Bello Monte, donde Bolívar transcurrió largas temporadas de su juventud. Muy cerca de este sitio cruzaba el primitivo sendero que conducía a las poblaciones de Baruta y El Hatillo no sin antes tener que atravesar el río Guaire por un estrecho y hermoso puente colgante.
Desde Chacaíto se va en la actualidad a todas las urbanizaciones del este y aún a Petare pasando por Chacao. Alejandro Humboldt en 1800 se preguntaban por qué razón la primitiva ciudad no había sido edificada en la parte más extensa y llana del valle de Caracas.
Desde las estribaciones de la Cordillera, las vegas caían en suave declive hasta las riberas del Guaire, entonces río anchuroso y de aguas limpias. Fue precisamente en aquellos predios donde el Padre Mohedano realiza en el último cuarto del siglo XVIII la siembra de seis mil cafetos.

A raíz del terremoto de 1766 propusieron el Ayuntamiento de Caracas reconstruir la ciudad en el valle de Chacao. Esta iniciativa no prosperó y durante casi dos siglos más siguió siendo un paraje casi rural enmarcado entre verdes cañamerales  y torreones de trapiches. Allí tenía su escuela de música el Padre Sojo; estaba la posesión de Bartolomé Blandín y las estancias de la Floresta y El Convento, Los Ravelos y Las Mercedes, Chacao, como Sabana Grande, eran pequeño caseríos de agricultores.
Hasta no hace mucho tiempo existió un pintoresco “paso a nivel” en el cruce de la línea férrea Caracas-Petare –Santa Lucía con la entrada en el Country Club. Por aquella Trocha – además del tren- circulaban un tranvía de dos pisos que hacía itinerario regular entre la estación de Santa Rosa y Petare.  Actualmente  es parte de la Avenida Libertador.
 
Las Delicias
Sabana Grande 

Las Delicias
Sabana Grande 

En el lugar que hoy ocupa el Caracas Country Club poseyó extensa finca Bartolomé Blandín, quién era hijo de un farmacéuta  francés que vino a Venezuela en 1740, Bartolomé Blandín tenía en Chacao su estancia que era el lugar predilecto de reunión de las principales familias caraqueñas, que cultivaban la música con esmero, Arístides Rojas comentaba que las primeras reuniones musicales de Caracas se efectuaron en el oratorio de los Padres Neristas y bajo la arboleda  de “Balndín y “La Floresta”. El primer cuarteto fue ejecutado a la sombra de los naranjeros, en los días que sonreían sobre los terrenos de  Chacao los primeros arbustos de café”.
 
Chacao Colonial



En la Hacienda de Blandín, San Felipe y La Floresta que pertenecieron a Blandín y los Padres Sojo y Mohedano se cultivaron en gran escala en el valle de Caracas  las primeras plantaciones de café, en 1784.  Hasta ese momento la planta crecía como un adorno exótico en vez de planta reproductiva. “ Los granos y arbustillos recibido de las Antillas francesas había sido distribuidos entre los agricultores”. Sin ser plantados aún de manera masiva.
Adoptando el método utilizando en las Antillas para la plantación de café lograron obtener cincuenta mil plantas. Por primera vez el padre Mohedano y sus aliados contemplarían el blanco florecer en las ramas de los cafetos, para celebrar tan gran triunfo, recolectados los granos requeridos para preparar la primera infusión de café que habría de saborearse en el valle de Caracas, ofrecieron una fiesta campestre. Fue en Blandín a fines de 1786, con asistencia de aficionados a la música y de familias y personajes de Caracas.
“ Por grupos irían llegando los invitados unos en cabalgaduras, otros en carreta de bueyes, pues la calesa no había, para aquel entonces,  hecho surco ni en las calles de la capital ni en el camino de Chacao. Por otra parte, era de lujo, tanto para caballeros como para damas, manejar con gracia las riendas del fogoso corcel, que se prestaba ricamente enjaezada, según uso de la época”.

Bajo la arboleda se interpretaron melodías. Después del almuerzo comenzó a servirse el café. La primera taza se ofreció al padre Mohedano, mientras todos aplaudían.
En este siglo la hacienda Mohedano se convirtió en la Castellana,  la hacienda La Floresta del Padre Sojo en la Urbanización de La Floresta, y la hacienda Blandín en el Country Club.
El Country Club es una denominación                         
 
Josefina Pérez Velásquez en un corredor de casa antígua conocida como "La Granja" ubicada al norte de la actual casa del Caracas Country Club. En mi leyenda original especifico que "La Granja" se encontraba al norte de Blandín. Colección privada de Eduardo Pérez-Viana.


Country Club 1950 


La Caracas que Conocí inglesa de un lugar de esparcimiento situado en el campo con instalaciones y canchas para practicar deportes al aire libre. El primer Country Club de Caracas estuvo en terreno de la hacienda La Vega en  lo que hoy es Vista Alegre. En 1929 se formó  el “Sindicato Blandín” que adquirió la hacienda Blandín donde proyectaron  los campos de golf. El proyecto de los arquitectos norteamericanos Olmsted Brothers quienes desarrollaron la práctica de diseño urbano del paisaje, con una nueva actitud hacia la naturaleza “como un remedio a los males causados por la desintegración moral generada por las grandes ciudades sin forma, tanto física como social”. 

Fuente : El Diario de Caracas 1983

[EN FOTOS] El Calvario, Caracas

El Calvario

El Calvario
Elite 1973




“Testigo de muchas épocas. Mudo señor de historia diversas, que con su tolerancia de viejo sabio y sereno,  ha podido soportar el paso de los años, con la naturalidad estoico y tranquilo de quién mira su sino [sic]. Este es “El Calvario”. Sitio que evoca el pretérito cercano, con la fruición análoga de aquel lugar por donde transitara el hombre de Nazaret.

El Calvario venezolano  fue en su época, asedio para el concentrado estudio de los jóvenes universitarios de hace cuarenta o cincuenta años atrás.  Pero también fue el sitio oportuno de sabrosos paseos familiares, o de la indiscreta pero emocionante cita amorosa.  En cualquier ocasión, bien que si, era el vértice de un encuentro,  del inicio grato y placentero de una mañana, o del reto fanfarrón y sonajero de la famosa “peguito” o la salida del colegio o del liceo.

Pero más tarde, la urbe pujante fue olvidándolo, acostumbrado a su presencia de años, y ya no más inocente su tránsito. Toda una pléyade de gentes, víctimas de las transculturización que genera todo  progreso,, fue hallándolo poco a poco. Y ya no fue otra vez clara ni sencilla la palabra, y fue difícil comprender al “musiú”    inmigrantes   …. , que, sin quererlo y obligándolo  por las circunstancias que  fue desplazando al criollo del que ya no se acordaba.

Los venezolanos íbamos dejando atrás, con acelerado paso, la tradición, la leyenda, el minúsculo conversatorio de las gentes que paseaban por las frescas tardes caraqueñas  cuando la ciudad ostentaba presuntuosa,  21 grados de eterna temperatura.  O que disfrutaban del sol en los cálidos domingos, cuando desde lo más alto de la pequeña colina, jadeantes, luego de alcanzarla, podían divisar en su mágico esplendor cómo aquella Caracas de Pérez Bonalde, estiraba sus piernas y sus brazos, mientras en su tímido pecho brotaban erguidas,  las dos razones suficientes de que (ilegible)   grande y moza.
De aquel Calvario solo nos queda el recuerdo, en las no sé cuantas escaleras que todavía conducen hasta el pedestal de la Estatua de Colón y que de pequeños siempre  nos parecía desafiante con su conquista.”


Nota actual
El Colón que ya no está y desconocemos su paradero.  Ahora ocupa su lugar Ezequiel Zamora, líder de la Guerra Federal, bajo el silencio y la aceptación de los caraqueños. El Calvario capricho de los autócratas, fue llamado Guzmán Blanco y desde el 2010“Ezequiel Zamora”. Para los caraqueños retrospectivos siempre será “ El Parque El Calvario”.

 María F Sigillo 



Feliz cumpleaños Caracas...

21/07/13.- ¿POR QUÉ ELLA?
Dicen, porque no existe documento alguno que lo avale, que Caracas fue “fundada” por Diego de Losada el 25 de julio de 1567. Sin embargo, desde hace cinco años su busto no figura en la plaza que solía llevar su nombre en la parroquia 23 de Enero de Caracas. ¡Ajá!, los habitantes de la zona decidieron, a través de una consulta popular, tumbar esa verga, dársela al Instituto de Patrimonio Cultural y rebautizar el espacio como la Plaza del Combatiente Revolucionario. ¿Por qué? Sencillo. Consideraron que rendirle homenaje a Diego de Losada era un acto de agravio a la venezolanidad y a los pueblos indígenas que él mismo asesinó. Una opinión parecida a la de nuestro pintor y dramaturgo César Rengifo, cuando en 1975 rechazó la Orden Diego de Losada por colonialista (sí, ya saben, la orden, un invento que solo se les ocurriría a AD y Copei).
¿Que cómo es la vaina? Pues así, señores. Así mismito: desde 1498 los españoles juraron que habían “descubierto” las costas venezolanas y empezaron, salvajemente, a colonizarnos. En 1558 se aventuraron a expandir, aún más, sus garras y pretendieron llegar a lo que hoy conocemos como Caracas. Nuestras tribus indígenas lograron resistir durante varias décadas pero, en 1567, una “expedición” (así le decían a uno en el liceo, ¿no?) proveniente de El Tocuyo, y precedida por el fulano Diego de Losada, logró dominarnos por la fuerza e imponernos el absurdo nombre de “Santiago de León de Caracas”. Santiago por el apóstol tradicional de la reconquista española, que era el santo militar de España; León por el nombre del gobernador de la provincia para ese momento, Ponce de León; y Caracas porque así se llamaban las tribus indígenas que habitaban nuestro valle. El mismo valle que se encontraba (encuentra) cubierto de una especie vegetal maravillosa conocida como pira que los indígenas llamaban “caracas”.
En ese momento los colonizadores decidieron que fuera esta, y no otra, la “capital” de Venezuela. ¡Se salvaron Coro y El Tocuyo! La vulnerabilidad, por su cercanía al mar, y el constante ataque de los piratas hizo que perdieran su condición de capital, cediendo a la entonces plácida y protegida Caracas la provincia de la Capitanía General. Igual, la protección no duró mucho si tomamos en cuenta el intento de invasión fallido por parte del inglés Amyas Preston quien, al mando de 500 hombres, logra asaltar y, posteriormente, quemar la ciudad. Por eso, en 1678 se empezó a construir, sin que llegase a terminarse nunca, una muralla defensiva que pretendía circundar toditica la ciudad, o sea, sus ¿25 cuadras?
CARACAS EN 25 CUADRAS
Caracas no dejó de ser un gran valle agrícola pero, con la llegada de los conquistadores, junto a nuestros verdaderos cultivos indígenas tradicionales, se empezó a sembrar trigo, avena, caña de azúcar, frutas y hortalizas de España. Para comienzos del siglo XVIII, Sabana Grande era un gran sembradío de fresas y naranjas; Maripérez era una vasta zona de cultivos, con huertas y maizales; La Pastora, un inmenso algodonal. Desde lo que hoy conocemos como El Paraíso hasta los límites de Antímano, estaba destinado a la caña de azúcar y el trigo, que un molino transformaba en harina para exportar (¡ah!, pero los ratones y las ratas que llegaban en los barcos españoles destruyeron hasta un tercio de nuestras cosechas, pequeño detalle); Macarao era tierra de duraznos y en Chacao se cultivaba arroz.
Luego, en 1577, dibujaron el primer plano urbano de la ciudad, diseñado de acuerdo a las fulanas Ordenanzas de Felipe II: un documento que definía, nada más y nada menos, que el orden que se le debía dar a los “descubrimientos, poblaciones y pacificaciones” de los españoles en nuestra América Latina. ¡Ajá!, los españoles llevaron a cabo la más grande empresa de creación de ciudades de la historia de acuerdo a un modelo común: la “cuadrícula”, según la cual Caracas quedó dividida en cuatro calles y 25 cuadras fundacionales alrededor de una plaza mayor.
Para fundarla escogieron la explanada, ligeramente pendiente, llamada Catuchaquao (Catuche), por el nombre de una quebrada que pasaba cerca. Este nombre significa “la quebrada del guanábano”. Las primeras cuadras fueron: Catedral (bautizada el día que llegó el primer obispo a la ciudad), Altagracia y La Candelaria. Por cierto, La Candelaria era el extrarradio, luego lo fue La Pastora, luego Antímano o El Valle, luego Chacaíto y La California. Y así fue creciendo la ciudad, de a pedazos.
Y TODO, TODO, TENÍA DUEÑO
Junto a la “fundación” de Caracas, se empezó a repartir y vender a diversos pobladores (los ricos, obvio) pedazos de la ciudad. Sí, los colonizadores se atrevieron a ponerle precio y entregar lo que no era suyo, lo que era nuestro, de todos y de nadie a la vez. El primer propietario fue Manuel de Figueredo, a quien los españoles, por la insignificante y maldita suma de 15 pesos de oro, le adjudicaron toda la hoya del Catuche, desde lo alto del cerro hasta lo llano, y también la vertiente norte (poco, o nada, importó que de ahí se surtiese de agua una buena parte de los habitantes del valle).
Para la segunda mitad del siglo XVIII, toda la falda sur de la serranía también tenía dueño: Juan Nicolás de Ponte era el amo y señor del extenso potrero de Apolinar y de las vertientes occidentales de la quebrada de Cotiza.
Por otro parte, Manuel de Urbina poseía todo lo que se hallaba entre las quebradas de Cotiza y de Gamboa; y el famoso Juan de Ávila disfrutaba de todo lo comprendido entre el alto de Papelón, las quebradas de Cuño, o de Las Barrancas, y la quebrada Chacaíto, hasta la cumbre donde se avista el mar, es decir, todito “el cerro de Ávila”, que se llamó así por “pertenecerle” a él (ya vieron por qué Chávez se empeñó en cambiarle el nombre, ¿no?).
¿Y LA MODERNIDAD PA’ CUÁNDO?
La imagen colonial de Caracas no cambió sino hasta 1870, cuando llegó el entonces presidente Antonio Guzmán Blanco con su “maravillosa” idea de hacer una “Caracas de un solo piso que se asemejara a una diminuta París”. ¿Y por qué teníamos que tener un solo piso? El terremoto de 1812 provocó que tres cuartas partes de la ciudad se quedara sin casas, entonces los caraqueños empezaron a construir viviendas de un solo piso por miedo a otros movimientos telúricos. Y, más o menos, ¿en qué nos parecíamos nosotros a los franceses? ¡Ah!, no sé. Al cierre de esta edición aún no encuentro respuesta a esa vaina.
El hecho es que Guzmán Blanco derribó templos y conventos para construir obras como el Teatro Guzmán Blanco (1881, hoy Teatro Municipal) y remodeló la Plaza Mayor —donde funcionaba un mercado— para convertirla en lo que hoy es la Plaza Bolívar. También contrató la construcción del Palacio Federal Legislativo (1877) y la remodelación de la fachada del Palacio de las Academias (1875), todo a imagen y semejanza de las renombradas obras de la arquitectura europea. Dentro de este programa se reformuló también el Paseo Guzmán Blanco (1875, luego Paseo El Calvario y hoy Parque Ezequiel Zamora), colocándole jardines, caminatas y esculturas, incluida una de él mismo. Sí, sí, el humilde Guzmán Blanco mandó a hacer toda una capilla neogótica y muy afrancesada donde hubiese una estatua en su honor, una escultura que el sabroso humor venezolano bautizó como la estatua del “manganzón”.
El presidente Cipriano Castro continuó las obras, pero fue el dictador Juan Vicente Gómez —por supuesto— quien dedicó todos los fondos públicos a obras de infraestructura: vías, trenes, puentes y túneles a lo largo del territorio nacional. A su vez, activó el tranvía como sistema de transporte público. ¡Ah!, también realizó trabajos para la incorporación de la red eléctrica en Caracas, direccionando las aguas servidas a los ríos cercanos (¡oh!, he aquí los orígenes de la contaminación del río Guaire, El Valle y las demás quebradas que atravesaban la ciudad. ¡Aplausos!).
CONTINUÓ LA EXTENSIÓN Y LA DIVISIÓN
En 1928 comienzan a aparecer nuevos desarrollos en las periferias que hoy conocemos como La Florida. Las haciendas de las cercanías (Blandín y Mosquera, entre otras) fueron parceladas por grandes urbanizadores que mandaron a construir casas “estilo americano”, que terminaron siendo vendidas a extranjeros por la renuencia de los caraqueños a irse a vivir “lejos del centro”. Unos años después ocurrió lo mismo, cuando a los adinerados se les presenta una nueva oportunidad de vivir en la tranquilidad del campo pero cerca de la ciudad, en la urbanización Altamira, promovida por Luis Roche en los terrenos de la hacienda El Paraíso. La cosa iba tan en serio que se construyó, en 1945, una plaza para que sirviera de atractivo a la nueva urbanización. La plaza Altamira posteriormente cambió su nombre a plaza Francia por un convenio entre las ciudades de Caracas y París, para tener una plaza Francia en Caracas y una plaza Venezuela en París.
Al mismo tiempo que esto sucede en las periferias del este, el inicio del funcionamiento del Banco Obrero, en 1928, contribuye a la construcción de casas pobres para obreros de ingresos medios y bajos en la zona de San Agustín del Sur. ¡Plum!, se hace cada vez más tangible la división de clases.
PLAN ROTIVAL Y LA DIVISIÓN DEFINITIVA
Entre 1936 y 1939 es presentado el Plan Monumental para Caracas o Plan Rotival, el cual traería como consecuencia —con su parcial aplicación— la fragmentación de Caracas en dos ciudades: la del este y la del oeste. Cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia.
El plan era impulsado por los urbanistas franceses Maurice Rotival, Jacques Lambert y Henri Prost, quienes supieron aprovechar muy bien el llamado “boom petrolero” de Venezuela. El proyecto, que prestaba especial atención al tema vial (Caracas ya estaba rebasada por 6.013 vehículos con un crecimiento anual de 30%), creaba avenidas centrales, grandes paseos, edificios oficiales, zonas industriales y viviendas planificadas para los sectores menos favorecidos, que llegaban de los campos a construir sus casas con sus manos y sin el permiso de nadie. ¡Ah!, no, no, ni de vaina, eso último no. Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial Rotival se marcha de Venezuela y, al poco tiempo, el país cambia de gobierno y empieza el estilo american way. ¡Ay, carajo!
A LO DIZQUE AMERICAN WAY
La época de la posguerra trajo a Caracas una gran cantidad de inmigrantes, mano de obra que construyó (y, a veces, también se alojó) urbanizaciones emergentes como Bello Monte, San Bernardino, Chacaíto, la avenida Presidente Medina (esa avenida Victoria que aún conserva la arquitectura y las maneras de los inmigrantes italianos que la construyeron), La Candelaria (el reducto de los canarios, primero, y de los gallegos, después) y La Carlota. Sin contar el sinfín de fuentes de soda que, años después, se convirtieron en restaurantes que han hecho que la comida española e italiana tenga espacios casi inamovibles en nuestra ciudad. Por cierto, San Bernardino luego se hizo una especie de “distrito médico”, hasta que los cambios en la normativa sanitaria mundial recomendaron la construcción de centros de atención primaria y especializada a lo largo de toda la ciudad, y así nacieron los hospitales Pérez Carreño y Domingo Luciani.
A la par, fueron creciendo y consolidándose distintas infraestructuras, algunas pensadas para el “turismo” y basadas en la “modernidad” gringa: la Fuente Monumental de Plaza Venezuela (1952), el Hotel Tamanaco (1953), la Concha Acústica (1954), El Helicoide (1955, diseñado como una especie de centro comercial futurista que incorporaba en su interior el tránsito vehicular, ¡ja!), el Hotel Humboldt (1956), la hacienda Ibarra que terminaría transformándose en la Universidad Central de Venezuela (1946-1956), el hipódromo La Rinconada (1957, sí, se jodieron los apostadores y hasta los pobres caballos del “viejo” hipódromo de El Paraíso). Veinte años después jugarían a crear el Club Ítalo, Los Campitos y El Poliedro de Caracas para el sano esparcimiento de “todos”. ¡Ah!, sí, sí, y el Paseo Los Próceres (1957). Además, llegaron los teatros y cines con sus nombres norteamericanos: Imperial, Broadway, Castellana, Metropolitano, Palace, Las Palmas, El Conde, Radio City, París, Junín y el Teatro del Este.
Y NOS VOLVIMOS GRISES
Ya usted se había dado cuenta, ¿verdad? Sí, lo sé, yo también. No fue sino hasta 1958 que los “planificadores” de Caracas notaron que sufríamos de algo que denominaron “índice deficitario de zonas verdes”, y dele antibióticos con eso. En 1958 se propuso el Plan General de Parques para el Área Metropolitana, que incluyó el Parque del Este (1958-1964) y la refacción o consolidación de otros como el Parque del Oeste, el Parque Zoológico El Pinar, el Zoológico de Caricuao, el Parque Los Chorros, la remodelación del Parque Los Caobos y el Paseo El Calvario, las Cuevas del Indio y algunas plazas como la Plaza Bicentenaria (tanta paja para que en los años 90 llegaran los centros comerciales y ¿áreas verdes para qué?).
Ante el amenazador crecimiento de la ciudad las comisiones de “planificación” urbana también decidieron crear el Metro, “la gran solución para Caracas”, ¡ujú!, también se suponía que en Sabana Grande “siempre sería de día”.
¿Qué? ¿Que siguió el peo? Bueno, tranquilos: autopistas, viaductos y distribuidores para todo el mundo. Aparecen la autopista La Araña-Caricuao, la avenida Boyacá (por todos conocida como Cota Mil), el segundo piso de la Autopista del Este, la avenida Libertador, que es la única que entierra canales de velocidad dentro de la ciudad y que se implantó sin miramientos en la zona Norte entre Maripérez y Chacao (a su paso se demolieron edificios, casas y se inhabilitaron calles que se convirtieron en eso que hoy conocemos como “calles ciegas”); la avenida intercomunal de El Valle, la autopista Prados del Este-Baruta-La Trinidad y los distribuidores Baralt, El Pulpo, La Araña y El Ciempiés.
Y AÚN ASÍ, NO NOS DIMOS ABASTO
El crecimiento poblacional también se dio en todas las direcciones, llenando las cinco vertientes del valle. En el suroeste aparece la urbanización Caricuao y la avenida intercomunal de El Valle vio cómo, en su recorrido, se levantaban las barriadas de nuestras clases pobres. ¿Cuáles? Las que agarraron sus recuerdos, su cuatro, su cultura, su fuerza física, para venirse en busca de unas supuestas “mejores condiciones de vida”. Dejaron los campos en manos de futuros latifundistas y se vinieron para acá a construir en las llamadas “periferias” de esta ciudad de concreto que nunca les abrió la puerta delantera. ¿A construir? ¿Ellos mismos? Sí, viviendas improvisadas que se fueron constituyendo en las denominadas, así como así, “zonas marginadas” de Caracas. ¿Y qué dijeron los “planificadores”? ¿Los qué? ¿Cuáles planificadores? No sé, pero al parecer durante las campañas electorales le regalaban al pueblo pobre insumos de construcción para garantizar sus votos.
¿Y AHORA?
¡Coño! ¿Y ahora qué hacemos con este desastre? ¿Lo escondemos bajo la mesa o continuamos arreglándolo a la par que soplamos las velitas año tras año? Vamos a darle, a ver si algún día te vemos libre, ciudad capital. Acuérdate de las palabras del alcalde Jorge Rodríguez en tu fiestecita del año pasado: “Creo que Caracas es una ciudad llena de cicatrices que se está levantando desde las cenizas para resurgir como el fénix. Es una ciudad que nació en rebelión, que aún no sabemos cuándo nació; unos dicen que contaba con 25 cuadras fundacionales, otros nos hablan de los riachuelos. Una historia que nos han vendido por años, pero donde la única verdad que conocemos es que la Caracas de antes estaba dividida en dos: una donde, mal que bien, había servicios y espacios para el disfrute; y otra arrojada en los lechos de la montaña, que fue obviada por todos. Eso, eso no se repetirá más nunca”. ¡Eso es! ¡Ahí está el deseo! ¡Sopla, sopla!
POR JESSICA DOS SANTOS
FOTOGRAFÍAS ARCHIVO “VIEJAS FOTOS ACTUALES” Y “CARACAS EN RETROSPECTIVA”

[EN FOTOS] Caracas presentó su nuevo uniforme

http://www.gradadigital.com/principal/images/stories/camiseta_caracas_09082012_12_equipo.jpg

. Actualidad deportiva proporcionada por www.liderendeportes.com

http://www.liderendeportes.com/getattachment/f0e9cf5d-67ab-4367-8683-5c202c859130/Caracas%20FC%20(22).aspx

http://www.liderendeportes.com/getattachment/ebcdc5c0-0a77-4ee3-8bdd-acb0ce59c27f/Caracas%20FC%20(23).aspx

http://www.liderendeportes.com/getattachment/a140f5c0-bed2-4854-84aa-99b9207186e1/Caracas%20FC%20(24).aspx

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VISITANTE
TERCERA EQUIPACIÓN
CARACAS.- El Caracas presentó el uniforme que utilizarán en la temporada 2012-2013 del fútbol nacional, en un acto que se desarrolló en sus instalaciones del Cocodrilo Sports Park, en la Cota 905.

En la presentación a los medios, la oncena capitalina homenajeó a su equipo de la temporada 91-92, aquella que consiguió el primer título para el conjunto rojo.

De hecho, para la 2012-2013, Caracas utilizará la indumentaria de local con camisa, shores y medias de color rojo, en alusión a aquel equipo que conquistó el trofeo hace 20 años.

Además, el acto sirvió para presentar la plantilla con la que jugarán el presente campeonato.







Fuente
http://www.liderendeportes.com/Noticias/Futbol/Fotos--Caracas-presento-su-nuevo-uniforme.aspx#






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